Odio las bodas.

A veces me siento extraña en este mundo absurdo, ¿por qué odio tanto el amor romántico últimamente? Parece que no tengo sentimientos, me siento fría, impasiva y es que hoy he visto el vídeo de una pareja de recién casados, los dos bailaban acaramelados una canción de Ed Sheeran, con la coreografía y todo. Delante de gente, de mucha gente. ¿Hay alguien que se lo crea a estas alturas? ¿Hay algún alma cándida que crea todavía que comerán perdices y vivirán felices hasta el resto de sus días? No sé…quizá sea una cínica, pero no llego a comprender la felicidad que inspira a la mayoría de personas de su alrededor. A mí personalmente el bailecito casi me recuerda a una performance patética y ridícula del amor romántico. Sí, amor romántico, ese que nadie se cree desde el siglo XIX.
Y bueno…ojalá pudiera creerles. Ojalá tragarme toda la parafernalia, la tarta, las fotos, las sonrisas almibaradas, las flores, los cuñados borrachos (en sentido figurado), las madrinas con vestidos pastelosos y la resaca…toda la resaca.

Mi sentido común o mi incipiente insensibilidad, me dicen que el amor romántico no tiene razón de ser, no con todo lo que sale en las noticias, con todas mis experiencias con seres del otro sexo, ni si quiera con lo poco romántico que es el mundo frenético, hiper-conectado y alienado en el que vivimos.

Puedo entender que personas de otras generaciones anteriores sientan que eso es lo adecuado, lo correcto. El orden establecido de las cosas, uno debe casarse por que sí. Porque es lo que has visto siempre, es lo que te han enseñado. Tienes que casarte en el altar y liar una despedida de soltero por todo lo alto…Ah no, ¡que eso es una americanada!

Tampoco entiendo porque seguir volcando tantas expectativas en una sola persona. ¡Es jo…mente inhumano! Nos hacemos la vida complicada nosotros mismos y claro…luego vienen las decepciones, las infidelidades, la terapia de pareja, el divorcio, el poner verde a esa persona a la que íbamos a querer eternamente hasta el final de nuestros días, los hijos desequilibrados, incapaces de entender el conflicto, ni por qué el cuento de hadas se terminó y Papá prefiere pasar el tiempo con 50 mujeres antes que con su mujer.

¿Qué frivolizo? No señoras, casarse sólo es la antesala de estar atado, de poseer, de firmar un contrato cerrado. Cuando la complejidad humana es impredecible y supera a cualquier contrato establecido. Juntar a dos personas eternamente por obligación, es una tortura. Y no, el amor no tiene nada que ver con contratos, ni con supuestos preconcebidos. Por qué precisamente la “naturaleza” humana, nos hace volátiles, cambiantes y muchas veces impredecibles.


Qué agonía pasar toda tu vida con la misma persona, ¿es qué el resto de personas no pueden ofrecerte amor también? ¿A caso no merecen tu atención? ¿O no existen tantos amores como relaciones entre personas? ¿Por qué tanto miedo entonces? A otras formas de amor, a otras formas de relacionarse, a querer de forma más equilibrada y menos dolorosa. A no sentir celos, pues la celosía, es un sentimiento negativo que puede llevar a la locura…y la locura a hacer daño. A querernos mejor, empezando por nosotros mismos. Y eso significa no volcar todas tus expectativas en un amor maldito y doloroso. 

El trasfondo de todo esto, el trasfondo del matrimonio, el amor romántico, las canciones cursis de Ed Sheeran…es el control. Es tener una sociedad organizada y controlada, para que haga lo que queramos y no se rebele. Para que haya un cierto orden social, y los de siempre manden sobre los otros.

Y yo me pregunto, ¿no es hora ya de tomar conciencia de por qué hacemos las cosas? De por qué no pueden ser diferentes si las que existen en la actualidad no nos satisfacen, no nos hacen felices y no son justas. Porqué en la boda se puede actuar mucho, creernos la ficción que nosotros mismos creamos sin saber muy bien porqué, pero ay amigos…la resaca será muy devastadora.
Así que no, no me creo las bodas. No me creo la puesta en escena, los juegos florales. No me creo la felicidad pasajera…ni la entiendo.

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